
Pasa el tiempo, año tras año, y el Camino de Santiago no ha perdido ni un ápice de actualidad desde los tiempos remotos en que nació. Cada vez son más los caminantes y peregrinos de todas las nacionalidades que se ponen en marcha, etapa tras etapa, con la vista y el pensamiento puestos en Santiago de Compostela.
Cada uno tiene sus motivos y sus razones personales para levantarse cada día y andar. Pero todos tienen algo en común: al acabar la jornada necesitan un refugio donde descansar, reponer fuerzas, y seguir compartiendo charlas, conversaciones, sentimientos y reflexiones con otros caminantes.















