El Románico Erótico de Cervatos

El arte románico es de todos conocido por su sencillez, lo básico y armónico de sus construcciones y la sensación de intimidad y recogimiento que proporcionan las iglesias y ermitas. Sin embargo, los escultores que decoraron hace cientos de años las fachadas de algunas iglesias románicas decidieron aportar también un toque muy especial a la decoración, y de esta tendencia surgió lo que hoy día se conoce como “románico erótico”: antiquísimas construcciones cuyos capiteles y canecillos están esculpidos con imágenes de alta intensidad erótica, casi rayando en lo pornográfico.
Hoy día, esto sería algo impensable en nuestras iglesias, lo que da idea de cómo han cambiado los tiempos y las formas de pensar. Probablemente la cumbre de este arte sea la preciosa Colegiata de San Pedro de Cervatos, población situada a unos cinco kilómetros de Reinosa (Cantabria) y que merece sin duda una visita, tanto por la belleza de su entorno como por su curiosísimo despliegue de imágenes.
La Colegiata es del siglo XII y de tamaño considerable, mostrando una hermosa arquitectura y una conservación excelente. Para llegar a ella hay que desviarse de la autovía que une Aguilar de Campoo con Reinosa en la salida en la que aparece el nombre de Cervatos. Tras tres kilómetros de carretera arribaremos al pueblo, cuya belleza es indudable: unas casas de piedra centenaria, en excelente estado de conservación, flanquean la ligera cuesta que conduce al templo.

Una vez allí, solo tendremos que concentrarnos para empezar a distinguir todo tipo de escenas de alto voltaje erótico: mujeres y hombres mostrando los genitales, escenas de cópula entre humanos y animales… Todos ellos realizados en el ingenuo estilo de la época, que convierte a estas representaciones en esculturas de gran belleza, libres de toda malicia.

¿Cuál era la intención de los artistas a la hora de realizar estas esculturas en un lugar tan contrario a dichas prácticas como puede ser una iglesia? Hoy día solo podemos especular. Se cree que se representaban actos habituales del ser humano y su consecuente castigo en el infierno, si bien en San Pedro de Cervatos los castigos brillan por su ausencia. Hoy por hoy, sólo nos queda admirar la gran belleza de la Colegiata y divertirnos con la libertad artística de los creadores de tiempos pasados…





