El Valle de las Mil Palmeras

Con este poético nombre se conoce un pequeño y escondido valle situado en la bella isla canaria de Lanzarote. Si esta isla ya tiene de por sí encantos suficientes para cualquier visitante, desde luego quien acuda a este precioso lugar se quedará definitivamente prendado de ella. El centro neurálgico del valle es la localidad de Haría, rodeada de las palmeras que dan su apodo al lugar (que por cierto no son mil, sino unas cuantas menos…).
Este valle y sus palmeras se encuentran en las tierras más altas de la isla volcánica, y también es el punto donde más llueve de todo el territorio. Así, no es de extrañar que sea además la zona más fértil de Lanzarote… Y sus casas blancas sobre la tierra negra la convierten también en una de las más atractivas.
Dependiendo de la época del año en la que visitemos Haría y el valle, la tierra cambia para dar al viajero sensaciones distintas en cada ocasión. En primavera llueve mucho más y la tierra negra se vuelve verde de vegetación; el resto del año, el contraste tierra negra/casas blancas se difunde bajo el sol radiante de las Islas Afortunadas. Las palmeras siguen sombreando con su elegante presencia la localidad y los campos; aunque hace unos cuantos siglos (en el XVI) se quemaron todas, después se volvieron a plantar y se mantienen hasta nuestros días.
Desde este lugar podemos hacer algunas de las excursiones imprescindibles en Lanzarote. Por ejemplo, acudir a la playa de Órzola y disfrutar de sus cristalinas y frescas aguas, o recorrer el propio pueblo de Haría y conocer su tranquila plaza, o hacer una ruta por las sendas de los campos. El pueblo de Arrieta y los Acantilados de Famara son también puntos cercanos que nadie se debería perder en su visita a Lanzarote y al Valle de las Mil Palmeras.





